
Al fin, dulcemente,
dejando los muros de la fuerte mansión almenada,
el duro cerco de las cerraduras,
tan bien anudado;
la guardia de las puertas seguras,
sea yo liberado en los aires.
Con sigilo sabré deslizarme;
pon tu llave suave en la cerradura y,
con un murmullo,
abre las puertas de par en par,
¡alma mía!
Dulcemente -sin prisa-(carne mortal,
¡oh, qué fuerte es tu abrazo!¡oh amor!
¡cuán estrechamente abrazado me tienes!)
Walt Whitman